viernes, 25 de diciembre de 2015

DIA DE NAVIDAD

1. Acabamos de leer unas palabras muy bonitas de la carta a los Hebreos cristianos: En el pasado muchas veces y de muchas formas habló Dios a nuestros padres por medio de los profetas. En esta etapa final nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien nombró heredero de todo, y por quien creó el universo.
2. ¿Cuándo y cómo nos ha hablado Dios? Nos ha hablado y nos habla en este Niño, que vemos en un pesebre acariciado por su madre, acompañado de san José, contento con la algazara de los pastores y de la chiquillería. Verdaguer, mirándolo con ojos y corazón de poeta enamorado, nos dice en cuatro versos todo el que se puede decir de Jesús: Ses blanques manenetes, petites com són, sent tan petitetes formaren el món... Sus  blancas  manecillas, pequeñas cual son, hicieron la tierra, formaron el sol...
3. Este Niño nos hace sentir la voz de Dios en la creación: Mil  gracias  derramando,  pasó miedo estos  sotos cono  presura, y  yéndolos  mirando, cono sola su figura vestidos los dejó de fermosura. San Pablo dice muy bien dirigiéndose a los cristianos de Roma: Lo invisible de Dios, su poder eterno y su divinidad, se hacen reconocibles a la razón, desde la creación del mundo por medio de sus obras. Aunque conocieron a Dios, no le dieron gloria ni gracias, sino que se extraviaron con sus razonamientos. En vez de ir hacia Dios, se pararon en las cosas y en determinadas personas,  las convirtieron en dioses y las adoraron. Es la idolatría.
4. Entonces el que es la Palabra se reservó en el gran campo del mundo un huerto especial, donde sembró y cultivó las semillas de luz y de vida para diseminarlas por todo el mundo. Se escogió el pueblo de Israel y le dio a Moisés y los profetas y maestros y sabios. Era una palabra explosiva, destinada a todo el mundo, sin distinción de razas ni de fronteras. Pero la enjaularon en la letra y en los libros, tan sagrados como la Biblia y la tradición. Y sin darse cuenta se hicieron un Dios y un Mesías a su medida. Y cuando se presentó el Mesías real, en la forma que no esperaban, lo rechazaron. Vino a los suyos y los suyos no lo acogieron.  Recordemos a José y a María llamando a las puertas de Belén.  No hay lugar para ellos… O Jesús presentándose en Nazaret, que por poco no lo despeñan.
5. Y como que ni la creación ni la Biblia hablan bastante claro, ahora, en estos días que son los últimos, nos ha hablado en la persona del Hijo.  Se dispone a hablarnos directamente. No viene a nosotros para hacernos dioses, sino a enseñarnos a ser hombres y nada más que hombres. Y el Hijo, que era Dios y que convivía con el Padre, tomó la condición humana. Se hace carne de nuestra carne, uno de nosotros. A ver si nos damos cuenta de lo que somos y de lo que valemos.
6. En este Verbo, en esta Palabra humanada, se  esconde toda la ternura y la fidelidad de Padre Dios hacia nosotros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Y no lo veremos si no lo sabemos ver  y lo encontraremos donde está Jesús: anda con nosotros como uno de nosotros. Y en su andar, en todo lo que dice y en todo lo que hace nos revela a Dios y nos descubre nuestra condición de hijos de Dios y de hermanos. Sólo  pone una condición: que lo acojamos con fe y con amor. Con el mismo amor con que Él nos ama, con la misma confianza con que confía en nosotros y con la misma  humanidad con que nos humaniza. Cuanto más imagen y semejanza de Dios seamos, más humanos seremos. Y cuanto más humanos seamos, más transparentaremos la presencia de Dios en el mundo. 

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Cultura y Fe hoy

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