viernes, 6 de noviembre de 2015

¿RELIGION DEL DAR O DEL DARSE?


1. Hoy tenemos dos modelos de religión: la religión del dar y la del darse. Son dos viudas, socialmente desprotegidas y religiosamente marginadas. Es dramática la situación de la viuda de  Sarepta. Sólo le queda un puñado de harina. Aún le queda agua y algo de aceite. Y ella, la pobre madre, se estremece ante el porvenir que le aguarda a ella y a su hijo. Se presenta  Elías, el hombre de Dios que huye de la persecución de la reina  Jezabel, la mujer que dedica todo lo que tiene y puede a propagar el culto contrario al Dios de Israel. La viuda de  Sarepta se  fía de la palabra del profeta y le ofrece cuanto tiene. Y ve recompensada su generosidad. ¡Cuántos padres y madres jubilados o no hacen el milagro diario de la multiplicación de los panes con su generosa creatividad estimulada por el amor y la necesidad…


2. La otra viuda es también muy pobre. En la sala del tesoro del templo  había 13 buzones en forma de trompeta invertida, para recoger las ofrendas. El  encargado las recogía y las depositaba en el buzón correspondiente según la intención del donante a la vista de todos. Jesús lo ve y queda sorprendido: la viuda ha dado...  nada, dos  centimillos de miseria para el buzón nº 13 destinado a las ofrendas que iban exclusivamente al culto Dios. Y no puede menos que decirlo. Los otros, como los sabios de la ley que se aprovechaban de la buena fe de las viudas con sus largas plegarias,  echan en los buzones lo que les sobra. Esta pobre mujer –tan sola y tan discreta- con su gesto sencillísimo de plegaria, de fe y de amor, es la que ha dado más: se ha entregado a Dios en aquellos  centimillos que tanta falta le hacían para vivir.
Y es que Dios no mide con cifras las ofrendas que le hacemos: 10, 20, 100, 1000, 30.000 euros. Y entonces, en el maratón de turno de la TV se encienden luces, y los marcadores, y la música ruidosa, y estallan largos aplausos. Muy bien, está muy bien. Y seguro que muchos se aprovecharán de los donativos: la ciencia, la investigación, las enfermedades raras o no tan raras. Aun así Jesús nos recuerda que la mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda. Hace falta discreción. El bien no mete ruido. Lo que cuenta es el corazón que la persona pone en lo que hace o da.
3. Jesús no es  un rico que viene a visitarnos como un turista más o menos mediático. No. Se ha hecho hermano nuestro y ha compartido nuestra pobreza para enriquecernos a todos con su riqueza interior. En tiempo de Jesús el gran sacerdote penetraba una vez al año en la parte más sagrada del templo de Jerusalén para rociarlo con la sangre de las víctimas. Pero él no se  implicaba. En cambio Jesús se ofreció él mismo por nosotros una vez para siempre. No da cosas, se entrega a sí mismo, en la línea de las dos mujeres modelos de hoy. Cuando Jesús murió en la cruz, la cortina del templo se rasgó de arriba abajo. Es una manera de decir que Jesús, fiel a la voluntad del Padre, nos ha abierto el acceso a Dios reservado hasta entonces sólo al gran sacerdote. Con Jesús todos tenemos acceso directo al Padre cuando le ofrecemos como Él nuestra propia persona en lo que hacemos o sufrimos.


4. En la Eucaristía actualizamos el memorial del Señor. Esto es mi Cuerpo, esta es mi sangre. Es decir, en los signos del pan y del vino soy yo que me ofrezco por vosotros. Y cada vez que vosotros hacéis como yo y os ponéis al servicio de Dios en los hermanos, actualizáis mi presencia, estáis celebrando la misa. Por esto la misa empieza precisamente cuando termina.
Cada vez que en nuestra vida de cada día nos hacemos pan partido y compartido para el bien de las personas que nos rodean, realizamos el memorial del Señor, actualizamos la entrega de Jesús. Y lo podemos  hacer porque el mismo Espíritu Santo que convierte el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, empapa y transforma la vida del cristiano. El Espíritu hace de nuestra vida –la vida tan  normalita de cualquier cristiano- una ofrenda agradable a Dios.
5. Cómo vemos Jesús cambia el concepto de la limosna parcial –doy esto o aquello- por el concepto de la solidaridad total. No solamente dar, sino darse un mismo. Como las dos santas viudas de hoy. Cómo Jesús que hoy se nos entrega una vez más en la Eucaristía.



Texto: Jaume Sidera cmf
Fotos: www.es.catholic.net
www.articulosreligiososbrabander.es

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