sábado, 21 de noviembre de 2015

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO DE 2015

1. Al grito de ¡Viva Cristo Rey! muchos cristianos en México primero en los años 20 del siglo pasado y después  los mártires de Barbastro y otros muchos en 1936, dieron testimonio de su fidelidad a Jesús, testimonio también de amor y de perdón. Porque Jesús es Rey.
2. Daniel vio en sueños cómo salían del mar cuatro bestias, a cual más feroz. Representaban cuatro imperios sucesivos que en una forma u otra se relacionaron con el pueblo de Israel más bien aplastándolo. Porque todo imperio es bestial, se basa en la violencia y se mantiene por la violencia. Con formas diferentes, pero, en fondo del fondo, son tiranía y explotación. Después de las cuatro bestias, Daniel vio que venía de parte de Dios, una figura humana: el Hijo del hombre, que recibía de Dios el poder real y el dominio universal y eterno. En contraste con los imperios “bestiales”, el Hijo del hombre humaniza las relaciones del hombre con Dios y de los hombres entre ellos. Cuando el gran sacerdote preguntó a Jesús si era el Hijo de Dios, le respondió: Veréis el Hijo del hombre viniendo sobre las nubes del cielo. Esto le costó la muerte.
3. El Apocalipsis presenta a Jesucristo como el testigo fiel que nos ama y nos libera de todo lo que nos esclaviza. Y nos hace pueblo real y sacerdotal capaz de dar con nuestra vida un culto perenne a Dios, el Padre de Jesús y Padre nuestro. En el capítulo 19 del mismo Apocalipsis, Jesús aparece  como un jinete victorioso, fiel y veraz, que juzga con justicia. Viste un manto empapado de la sangre no de los enemigos sino de la que él ha derramado en la cruz. Tiene en la boca una espada afilada: la Palabra. Su poder está en la fuerza de convicción de la Palabra. Con esta Palabra se enfrentará a los poderes de este mundo y con esta Palabra atraerá hacia sí gente de toda clase. Es el Rey soberano y  Señor de los señores.


4. El evangelio nos describe la dimensión humana del Rey Jesús. –¿Eres rey?, le pregunta Pilato. Sí que lo soy, responde Jesús. Pero no como los reyes de este mundo. Él es el testigo de la verdad de Dios y de la verdad del hombre. Para comprenderlo hay que convertirse: mirarlo y aceptarlo no como nos gustaría a nosotros sino como Él es.
Jesús se muestra muy crítico con los poderes y las autoridades de este mundo. Gobiernan   dictatorialmente al pueblo,  abusan de él y lo esquilman, y, encima, se  hacen llamar los bienhechores y padres de la patria. Jesús  lo sabe por experiencia:   Herodes el Grande fue un tirano y asesino. Arquelao, poco más o menos. Herodes Antipas se moría de ganas de ver a Jesús obrando algún milagro. Como Jesús le respondió con su silencio, el reyezuelo desfogó su despecho, haciendo que sus esbirros lo insultaran y escarnecieran, y luego remitiéndolo a Pilato con un espléndido  vestido de púrpura.
Pilato no lo ve muy claro. Y mientras duda, hace azotar a Jesús y los soldados se divierten coronándolo de espinas. Incitado  por las autoridades del pueblo y por el miedo de perder su condición de amigo del César, presenta Jesús ante el pueblo vestido de púrpura y coronado de espinas: “Mirad; es el Hombre”. Ni él ni el pueblo se dan cuenta de que este Jesús es el Hijo del hombre visto por Daniel. Y ellos mismos se juzgan y se condenan. Poco después, Pilato sienta Jesús en el tribunal y lo presenta a la gente: ¡He aquí a vuestro rey! - Nosotros sólo tenemos un rey, el   César. No sabían ni lo que decían ni lo que hacían. Jesús fue rechazado por su pueblo y es rechazado por gran parte del nuestro. Y así nos va.
Pilato hace crucificar a Jesús y pone un letrero que justifica la sentencia: Jesús   Nazareno  Rey de los judíos.   INRI. Es rey, pero no como los reyes, los jefes de estado, los poderosos de este mundo.  El  Hijo del Hombre, el Rey de reyes y Señor de los Señores, nuestro Maestro y Señor se pone a lavar los pies de los discípulos. He aquí el camino y la expresión de la realeza. Servir a Dios es reinar. Jesús no es rey para ser servido y adorado, sino para servir y dar la vida por todos y cada uno de nosotros. La realeza y la autoridad de un cristiano se concreta y se expresa en el servicio, el amor y la misericordia. He aquí la actualidad y la fuerza de la fiesta de Cristo Rey.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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