jueves, 19 de noviembre de 2015

ES DE DENTRO EL AMOR

Muchas veces sin ruido, como en silencio. Y le dicen cosas. Pero calla. No hay que esforzarse en defenderse si no hay oídos para oír. Sus mejores obras no suelen  aparecer en los medios de comunicación. Y por eso algunos dicen que no se explica bien y que le falta una buena difusión de lo que hace. Prefiere hacer que decir. Las técnicas, los grandes formatos, las segundas unidades, en realidad, no le van. La verdad es que no le cuadran. Porque lo que de verdad le va es hablar al corazón. Y, sobre todo, desde el corazón. Sabe que las doctrinas y los argumentos se quedan fuera y no sirven para vivir. Lo que le va, lo que querría al menos, es compartir los pliegues de la conciencia y armonizar con lo que pocos armonizan: con lo difícil, con el lado oscuro del alma, con lo que no sale en la lista de los listos. Le va lo contracultural, pero a su manera. Porque hay muchas maneras de ser contracultural y a veces se es a ratos y en algunas cosas. Lo contracultural de verdad es ser de verdad último y no pasar de ahí.  Eso quiere ser. También quiere ser puente: le va eso de ayudar a cruzar a la orilla de la niñez y de la eternidad. A todos nos queda el sueño de ser niños y de ser eternos. De ser niños sabemos poco; de ser eternos nada. Pero ahí está el ensueño. Y lo que resulta es que, con todo esto, y a pesar de lo del silencio del principio, lo que tiene de verdad es la palabra. Cuando sobran discursos, que hoy sobran muchos, queda la palabra. Y lo que habla es desde la Palabra, con mayúsculas, que es la Palabra de Dios.
Es que, ¿saben?, el domingo pasado fue el Día de la Iglesia diocesana. Y si se quiere pensar en eso, desde el corazón y sin prejuicios, hay tela. La Iglesia, -que a ella me he referido en todo lo anterior-, en lo que tiene de parte humana, es muy débil. Ya lo sabemos. ¿Quién no es débil y poca cosa? Pero tiene la Palabra. Y esa puede salvar si se tiene el corazón dispuesto. 


Texto: J. M. Ferrer
Foto: www.portantos.es

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