jueves, 24 de septiembre de 2015

A ALGUNA PARTE...

O a ninguna. En realidad su corazón no lo sabe. Huyen. Cuando se huye siempre hay miedo. Les queda la esperanza. O quizá ni eso: porque de momento sólo ven dos soluciones: o morir o morir. O en la tierra o en el mar. Nos queda grabada esa imagen del niño sirio Aylan Kurdi, tres años, y muerto, vestido de rojo y azul, capaz por sí sola de dejar para siempre helados los ojos y verdaderamente roto el corazón. Yo lo miro, me quedo inmóvil, y sólo me consuelo creyendo que ahora vive para siempre.


Pero la esperanza causa sorpresas, como dijo bellamente el poeta Charles Péguy, y se sobrepone al dolor y al miedo. Y huyen con miedo pero esperan, comienzan a esperar. Esperan encontrar puertas que tengan corazón y no llaves y cerrojos, ver ventanas abiertas y no vallas de hierro que escarchan el alma.

Son ellos. Los que vienen de allí huyendo de la muerte. A los que estamos aquí nos es muy difícil ponernos en su lugar. Las imágenes que nos llegan son en vivo y en directo. ¡Qué rostros! ¡Qué vidas, cargando la suya y la de sus hijos! ¡Qué oscuridad en el siglo XXI! En vivo y en directo, pero son ellos, no somos nosotros.

Lo que he escrito son sólo sentimientos, ya lo sé. Lo que está sucediendo, y lo que puede aún venir, son cosas de tal magnitud que no se arreglan con sensibilidades sino con mucho entendimiento, -uso de la razón-, y con una firme voluntad política de altura. Es difícil y debemos implicarnos todos. Pero, permítanme llorar en voz alta que, a veces, es el primer paso para salir de un tormento.




Texto: J.M.Ferrer
Foto: Cultura y Fe Hoy

No hay comentarios:

Publicar un comentario