miércoles, 19 de agosto de 2015

ELOGIO DEL BIEN

En un mundo lleno de dificultades, -según qué noticias llegan de lo que está lleno es de horrores-, es necesario encontrar mensajes de alivio que sólo se saben descubrir si hay oído interno para captarlos: el color puro de un amanecer, la brisa de una sombra, el rostro perfecto de un niño que mira a los ojos, los cantos de los pájaros que suavizan el aire, o las palabras amables de un transeúnte de la vida, como tú mismo, que te pone buena cara cuado te dice buenos días.


A pesar de todo, pues, -a pesar de tanta presencia del mal, precio caro de la libertad-, la vida tiene plena razón de ser. Y hay gente, claro que la hay, que levantan la cabeza con la dignidad intacta sin que nadie sepa por qué oscuridades de la vida han pasado; y hay personas, claro que las hay, que tienen esperanza cuando alrededor oyen decir que no hay nada que hacer; y hay hombres y mujeres, claro que los hay, que siguen caminando cuando el camino sólo es cuesta arriba; y hay almas, claro que las hay, que piensan, sienten y actúan pensando en los demás más que en sí mismas porque saben que dar felicidad a otros vale mucho más que ser felices solos, que es la peor manera de ser feliz.

Aunque casi da miedo acercarse a las redes sociales y entrar en las noticias del mundo, da alegría saber que, sin aspavientos ni protagonismos, desde el silencio y desde la honradez, aún hay muchos que se implican en mejorar las cosas de sus semejantes, en dar su tiempo para acompañar el tiempo de los que no tienen a quien amar o no son amados, que ponen su voz para defender a tantos que no la tienen, o que miran a los débiles y a los que son últimos con ojos amigos que acogen, comprenden y aceptan.





Texto: J.M.Ferrer
Foto: archivo Cultura y Fe Hoy

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