sábado, 25 de abril de 2015

ELOGIO DE LA ALEGRÍA.

Que la alegría es el mejor estado de ánimo, ¿quién lo duda? La elogian todos, hasta los defensores del pesimismo, “que haberlos haylos”, en fin, “hay gente p’a todo”, pero ¿cuántos conocen la verdadera alegría? Es la siempre presente en declaraciones y principios y, tantas veces, la gran ausente en el día a día que no logra superar lo negativo y gris que lleva consigo. Hay que intentar que este estado de ánimo, buen amigo, no se nos vaya a la zona exclusiva de lo extraordinario. Donde hay que aventurarse a estar alegres es en el ordinario vivir del día a día.

Y para que no se nos vaya de la vida la alegría, lo primero es hacer de nuestras relaciones humanas convivencia y no prevención. No se puede ser feliz viviendo como a la defensiva del otro, “preparado para disparar cuando me ataquen”.


Lo segundo está en saber que la alegría está en relación directa con la lectura que vamos haciendo de lo que nos va aconteciendo en la vida. Y hay que leer para aceptar, interpretar y pasar al compromiso. La vida es, sobre todo, lo que vamos haciendo en ella y con ella. No es la pasividad o la simple resignación lo que nos da alegría. Es la esperanza de encontrar caminos nuevos y soluciones a cada interrogante.

La verdadera alegría, tercera idea, no es la del confort consumista de los mercados aparentemente alegres. Es la del compromiso por llegar a las raíces de la propia vida y, bien conocidas, permitir que se ensanchen para que alimenten a otros. Dar bienestar a otros, felicidad y buen trato, es la mejor manera de “bientratarse” uno a sí mismo, hasta de felicitarse, por esa buena disposición de dar a otros lo mejor de sí mismo. ¿Cuándo entenderemos que los otros no necesitan palabras sino hechos, amor y no juicios, cercanía y no indiferencias? Hoy se necesita gente que, literalmente, regale, sin nada a cambio, alegría.  

El autor de este artículo es mn. José Maria Ferrer, sacerdote y delegado diocesano de medios de comunicación social de la diócesis de Barbastro-Monzón.
La fotografía es propiedad de este blog.

1 comentario:

  1. Padre Ferrer estoy muy de acuerdo con su escrito "elogio de la alegría". Añadiría que ayuda mucho a estar alegre la misericordia y el saber perdonar a los demás y PERDONARSE A UNO MISMO, habida cuenta de que somos pecadores... si hoy no lo hice bien o "no lo hicieron bien conmigo los demás otro día irá mejor...y cuando la tristeza nos invada (como la crecidas del Ebro) pensar en un detalle positivo del día, siempre los hay, y sonreír aunque cueste, los creyentes estamos mas obligados ¡tenemos promesa de Vida Eterna!...Una paisana mañica que vive en Barcelona

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