lunes, 23 de febrero de 2015

LA RESPONSABILIDAD DE EDUCAR.

En la biografía de algunos personajes públicos en la reciente historia de España (intelectuales, polígrafos…) ha habido una relación con la religión católica que se puede dividir en dos etapas. En la primera de ellas –suele ser la infancia y primera juventud- esta relación ha sido de una integración más o menos explícita, incluso militante. La segunda, en muchas ocasiones, comienza sin una experiencia crucial conocida –si la hubo se desconoce o a lo más se tienen muy pocos datos precisos-, con el silencio o la no atención expresa o sistemática a la religión.
Está claro que nacer en un país y en una época determinada son elementos fundamentales para explicar parte de la biografía de una persona (algunas ideas, modas…) pero no para dar razón de las decisiones del silencio sobre aquello que ha de establecerse como última referencia de sentido o sinsentido: la trascendencia.
¿Fue en algún caso o en muchos de ellos un factor crucial la educación recibida en centros regidos por religiosos o en las mediaciones informales de las propias instituciones religiosas?


Joaquín Costa tuvo una, podemos decirlo así, satisfactoria relación con la Iglesia y  el clero más próximo (en Graus, en Huesca). El mismo hace referencia a determinados casos de sacerdotes muy activos y <beneficiosos> para toda la sociedad, tanto dentro como fuera de España.

 

O se trata de otras <cuestiones>: acceso a nuevas ideologías, crisis espirituales… No es una cuestión indiferente. Tampoco es necesario mezclarlo todo.
¿Qué educación, y no sólo instrucción, es necesaria para que nadie obvie en su tarea personal, intelectual, política, profesional… aquello que no puede soslayarse sin hacer amputación del horizonte máximo de sentido? 
Hay que educar a las personas, evitando caer en la tentación de machihembrarlas a unas ideas –que suelen ser seculares, demasiado seculares- aggiornadas o inveteradas que no responden a las necesidades  de lo más significativo del ser humano. Toda educación que no logre esto no resistirá (la primera concepción del mundo y de uno mismo) los primeros embates de un mundo real, el educando poco podrá hacer con tan artificiales y parciales recursos.
La tarea está clara, pero, ¿dónde están esos docentes?, ¿quién/es han de asumir la responsabilidad de buscarlos… y si no de formarlos?

El autor de este artículo es J.L.B. y es profesor de Filosofía.
Las fotografías son propiedad de este blog.

No hay comentarios:

Publicar un comentario