sábado, 23 de septiembre de 2017

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Hoy se nos invita a cambiar de chip. La primera lectura nos llama a la conversión que pasa para buscar al SEÑOR: conocer su voluntad, hacer el bien y confiar en el perdón puesto que los pensamientos del Señor están muy por encima de los nuestros. Para hacernos capaces de conectar con el corazón de nuestro Padre Dios.
2. Su palabra puede resultar difícil de entender pero no decepciona. Pero hemos de cambiar de chip porque la manera de hacer y de pensar el Padre celestial y su Hijo Jesús nos desconcierta. Es verdad, están mucho por encima de nosotros y sin embargo están más dentro de nuestro que nosotros mismos. Lo decía san Agustín.
3. Parece que Dios lo haga expresamente. Si leemos la Biblia veremos que todo el mundo le hace reproches: los trabajadores de primera hora le reprochan la injusticia. No hay derecho en el trato que da. ¿Qué le reprocharían los sindicalistas de hoy? Mejor será que no lo dejemos correr.
4. El hijo mayor protesta contra su padre y le reprocha que haya acogido tan generosamente al insensato del hermano menor mientras no ha sido bueno para regalarle a él –el hijo bueno y fiel- ni un cabrito para merendárselo con sus amigos.
5. Jonás reprocha a Dios que lo haya enviado a Nínive a anunciar un castigo severo y lo haya hecho quedar mal perdonando a aquella ciudad malvada y opresora. Y los fariseos reprochaban a Jesús que tratara con publicanos y pecadores y gente de mala vida.

6. A todos estos reproches, Jesús mantiene decididamente la oposición entre el comportamiento misericordioso del amo de la viña frente a las expectativas justicieras de los trabajadores de primera hora. Defiende al amo. El amo es justo a los ojos humanos. Mantiene su palabra. Ha quedado en un denario –el jornal completo- : con los primeros. Y ha prometido una medida divina -“lo que sea justo”- a los otros trabajadores.
7. Jesús muestra que la misericordia de Dios va más allá la justicia humana. Y las preferencias de Dios son los pobres, los humildes, los últimos, los sin voz ni voto. Mira más que la estricta justicia, mirando las necesidades de la persona.
8. El jornal de un denario da para una vida digna aunque sea muy justita, pero los que no lo cobren no podrán poner un plato caliente en la mesa y los últimos no tendrán ni para unas migajas. Y todo el mundo necesita un denario entero para una vida digna.
9. Isaías nos invita a cambiar de chip. Acostumbrémonos a mirarnos a nosotros mismos y los demás con el ojos de Dios y a amarnos y amarlos con el corazón de Dios.
10. Aprendamos a ser justos y generosos con la generosidad de Dios. No consideremos una injusticia y un mal para nosotros la generosidad de Dios y de los otros. Las madres lo tienen muy claro. En casa come igual el que tiene la suerte de trabajar y ganarse su sueldo y el hijo en paro o enfermo. Son hijos. Todos hijos.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

viernes, 15 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. En discurso a la comunidad Jesús asegura su presencia entre nosotros. Él está presente donde hay dos o tres reunidos en su nombre. Pero no por eso garantiza que las relaciones entre los dos o tres o mil reunidos en su nombre funcionen como una máquina bien engrasada. De vez en cuando rechinan y hay que suavizarlas con el aceite del perdón. 
2. El Papa Francisco ofrece tres píldoras eficaces para que la comunidad o el grupo familiar o vecinal funcione: Por favor, gracias, perdone. Delicadeza cuando pidas algo, agradece lo que recibes del otro, pide perdón por si has molestado aunque sea sin querer.
3. ¿Perdonar? ¿Cuántas veces? Perdonar entre los antiguos era más bien señal de cobardía. Se imponía la revancha. Ojo por ojo y diente por diente. Pero para el cristiano la contrapartida de la venganza es el perdón sin límites. Amor y perdón ilimitados.
¿Cuántas veces? Sois hijos del Padre celestial. Comportaos cómo Él. Él nos perdona siempre.
4. El talento no era ninguna broma. Era un peso entre 25 y 30 kg de oro o de plata. 10.000 talentos equivalían a 340.000 kg de plata. O al jornal de 16.000 hombres durante 10 años. Casi nada. 
5. ¿Cómo era posible que un funcionario acumulara una deuda tan descomunal? Hoy lo podemos comprenderlo bien. El rescate de la banca ha costado por lo menos 50.000.000 de euros, de los cuales el magnánimo gobierno perdona 40.000.000 a los que por su mala administración, incompetencia o mala fe lo han hecho necesario. Y al mismo tiempo exige sin piedad unos pocos millones presuntamente malgastados por otros. 
6. Conozco a una persona que, cuando reza el padrenuestro –si lo reza- se para antes del “Perdónanos nuestras culpas...” o bien se lo salta. Se siente incapaz de perdonar. En el fondo confunde el sentimiento que le ha causado la ofensa con el resentimiento. No puede dejar de sentir y sublevarse ante el mal que le han hecho. Pero puede evitar el resentimiento: rascarse la herida para mantenerla viva y así mantener vivo su rencor, el motivo para no perdonar.
7. Perdono, pero no olvido. Es posible. Conviene recordar el quién, el cómo y el cuándo de la ofensa para evitarla. Pero nunca mantener rencor que te pudre la sangre y te da un mal vivir.

8. Conozco a otro que cuando reza el padrenuestro en la misa pone el oído atento. Y cómo que cree que el vecino es sincero y de buen corazón, se siente muy del todo contento y perdonado de él y del mismo Padre del cielo. Perdonadnos cómo nosotros perdonamos. Y más cuando recibe el gesto de la paz. Sale de misa con el corazón ancho y esponjado. 
9. En vida y en muerte somos del Señor, nos dice santo Pablo. Cuando no perdono al ofensor, asumo el papel de juez. Pero el único juez el Señor. A él corresponde el juicio definitivo. Esto le ha costado amar y perdonar hasta el extremo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. ¿Quién arrodillado ante el Señor osará negarse a hacer las paces y perdonar?
Cuando yo sea capaz de amar y dar la vida por el prójimo, habré superado todas las diferencias, todos los prejuicios, resentimientos y cerrazón que me impiden perdonar. 
10. Salgamos para casa en paz porque el Padre nos ha perdonado desde el momento que hemos aprendido de Él a perdonar. Será bueno que recemos con sinceridad y generosidad el Padre nuestro en familia. Quizás habremos encontrado la manera de superar divisiones o enemistades que no nos dejan vivir como quisiéramos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

sábado, 9 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Leemos hoy unos fragmentos del llamado discurso de Jesús a la comunidad que empieza recalcando el valor de los más pequeños de la “familia, de la casa” eclesial. No son bromas. Mis hermanos y amigos no me son indiferentes. No puedo hacer como Caín: ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? 
2. Ezequiel dice que somos centinelas. El centinela observa y anuncia lo que ve: ¿quién viene, que ocurre? Su responsabilidad anunciar las noticias buenas y las no tan buenas. La vida de los ciudadanos depende de él. Y se le pedirá cuentas. Responsabilidad del ciudadano y del cristiano es responder con agilidad las nuevas preguntas con respuestas nuevas, de ahora y de futuro. 
"El centinela observa y anuncia lo que ve: ¿quién viene, que ocurre?
Su responsabilidad anunciar las noticias buenas y las no tan buenas".
3. En la vida comunitaria, familiar, vecinal, laboral y religiosa, la paz y el buen orden son elementos de bienestar y de felicidad. La misma proximidad que con frecuencia provoca roces y choques. La confianza, la rutina, el temperamento crean situaciones desagradables. A menudo sin darnos cuenta de ello. Vemos los defectos del prójimo y los comentamos. Murmuramos. Disimulamos. Y el otro ni se entera. Y si se da cuenta, no se da por enterado ante la pasividad y el silencio cobarde o impotente de la buena gente de su entorno y continúa actuando mal y escandalizando y sembrando malestar.
4. Jesús habla de la corrección fraterna. Ayudarnos mutuamente a mejorar. A poner paz. Si con una palabra amiga conseguimos que el vecino se dé cuenta de lo que hace y se arrepiente, hemos engrasado el engranaje. Ya no chirría.
5. Es posible que el vecino persista en su idea y no baje del burro aunque todo el grupo, toda la comunidad, toda la iglesia le invite a arrepentirse y a cambiar. En este caso dejémoslo con su burro y sus convicciones y pongamos tierra por el medio, no sea caso que recibíamos alguna coz indeseable.
6. Es tan importante la resolución que la comunidad toma después de orar y de dialogar civilizadamente con el hermano, que Jesús dice que Dios reconocerá como buena ésta tanto si es punitiva cómo si es absolutoria. Jesús pone el poder de abrir y cerrar en manos de la comunidad cristiana.
7. Y es muy consolador lo que Jesús nos dice: la comunidad, la familia, el grupo que ora es un lugar privilegiado de su presencia. Él está en medio de nosotros. Y no sólo cuando participamos en la eucaristía. El Concilio hablaba de la familia como de una pequeña iglesia. Un lugar sagrado. Sería bueno de tomar conciencia de ello. Tal vez así podremos encontrar un sano equilibrio entre la TV y otros medios de comunicación que inundan todo el espacio. Hagamos silencio de vez en cuando contemplando y sintiendo la presencia de Jesús entre nosotros, en nuestro hogar... 
8. Jesús nos invita a orar. Unidos a él, nuestra petición es atendida. Hay que ponerse de acuerdo en pedir lo que nos hace más humanos, más hijos de Dios, más atentos a los otros. Lo que nos ayuda a mirar y juzgar las personas y las situaciones a la luz del evangelio.
9. San Pablo nos recomienda que no tengamos deudas con nadie... Ni con el gobierno. Nada de llevar el dinero –si todavía nos quedan- a paraísos fiscales o de esconderlo en un doble fondo. Pagar nuestras deudas y a cumplir nuestros deberes de ciudadanos.
10. Hay una deuda que nunca pagaremos y un deber que nunca acabaremos de cumplir: Ama al prójimo como a ti mismo. Quién ama no hace mal a nadie. Amar es toda la Ley. Quién ama al otro será siempre un ciudadano que se precie. El mejor. Todos conocemos modelos preciosos de honradez, generosidad y solidaridad. 
11. Tomemos esta píldora tan sabia y eficaz que san Pedro recetaba a los cristianos de todos los tiempos: Que nadie de vosotros no tenga que sufrir por asesino, o ladrón o delincuente, o por haberse metido donde no lo llaman. Si lo es por ser cristiano, no se ha de avergonzar. Dé gracias a Dios porque puede llevar el nombre de Cristo.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

domingo, 3 de septiembre de 2017

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Jeremías ha hecho y dicho todo lo que Dios le ha mandado. ¿Consecuencias? Incomprensión, odio, aislamiento total. Pero la Palabra de Dios le resuena en el corazón, le quema el alma. Es más fuerte que él. Dios lo ha seducido y él se ha dejado seducir. Por eso se mantiene fiel al Señor a pesar de todo, del Señor que cuenta con él desde el seno de su madre. La vocación de profeta no es un llamamiento a la tranquilidad. Es una misión incómoda e incordiante. Pero vale la pena.
2. Contra el desaliento y el miedo tenemos un remedio: convertir la propia vida en un culto perenne a Dios. No tolerar que nadie piense o decida por mí. “Todo el mundo lo dice, todo el mundo lo hace, esto es políticamente incorrecto o correcto”. No es ningún criterio. Hay que contrastarlo y discutirlo con Dios que nos transforma y renueva y nos hace reconocer desde dentro lo que le agrada porque es bueno, perfecto y digno de la persona.
3. Pedro ha reconocido a Jesús como Mesías y ha recibido su aprobación. Pero en realidad no ha desconectado de lo que el entorno cultural quiere, dice y piensa del Mesías. Por eso reacciona enérgicamente cuando Jesús explica que no es un mesías político ni un profeta cualquiera, sino Alguien que tiene como misión dar vida a expensas de su propia vida. Con toda la incomprensión y contradicción y el rechazo del sanedrín en pleno: ancianos, sumos sacerdotes y maestros de la Ley.
4. En tiempo de Jesús, el maestro andaba un trecho por adelante de los discípulos que lo seguían. Pedro se permite dar lecciones al maestro. Se le pone delante, en el lugar que no le corresponde. Sin darse cuenta, le hace la zancadilla a Jesús para derribarlo. Jesús, si poco antes lo felicitaba, ahora se lo saca de delante. Fuera, Satanás. Hace el papel del tentador al desierto. Pedro, ponte donde te corresponde. Vuelve a tu rol de discípulo. Sígueme.
5. Jesús marca las condiciones de seguimiento. La primera es ser libre. Libre de uno mismo. No creerse el centro del mundo y ni buscar su realización personal. Se ha de centrar en Jesús y en sus valores. Ha de liberarse de todo lo que impide ser él mismo. Sólo si se posee plenamente se podrá dar plenamente. De nada sirve ser rico, sabio y poderoso si se echa a perder a sí mismo, si no es persona libre y responsable. Cuando san Francisco Javier se dio cuenta, lo dejó todo y se fue a la India y al Japón a evangelizar. Perderlo todo para ganarlo todo. Lo cantaban los jóvenes mártires claretianos de Barbastro. Jesús, ya sabes, soy tú soldado, siempre a tú lado yo he de luchar. Contigo siempre y hasta que muera, una bandera y un ideal. ¿Y qué ideal? Por ti, Rey mío la sangre dar. Dar la vida por ti y por los hermanos.
Fotograma de la película "Un Dios prohibido".
6. Hay que estar libre de equipaje y ser muy decidido para llevar la cruz, sin arredrarse ante la incomprensión, la persecución, la misma muerte. Pasar si hace falta por “un maldito de Dios” como lo era Jesús a los ojos de los judíos por el hecho de ser colgado en un patíbulo. Y aun así es el camino que lleva a la victoria. La muerte libremente aceptada culmina en la resurrección. Es aceptar la condición humana hasta el fondo. Ser hombre y nada más que hombre. Es lo que queda cuando se ha perdido todo: salud, dinero, fama. Cuando parece que lo pierde todo lo gana todo porque se gana él mismo. Pasando por la pasión y la cruz, por el supremo vacío y la más dolorosa pobreza Jesús alcanza la plenitud, la resurrección. Y toda lengua proclama que Jesús es el Mesías y el Señor y así conocemos y amamos Dios como Padre.
7. Las últimas palabras del evangelio de hoy parecen una promesa de Jesús. Algunos de los presentes no morirán sin haberlo visto al venir como hijo del hombre envuelto con la gloria del Padre y aplaudido por millones de ángeles. Es verdad. Pero también se pueden entender un reproche. Algunos aquí presentes no están por grandes ideas y fantasías ideales. Quieren ver y tocar. Y si no palpan la ganancia cierta e inmediata, no son capaces de arriesgarse y arriesgarlo todo a una carta, hasta la propia vida. Y no. A Jesús hay que amarlo cómo Él nos ha amado y ama.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: www.undiosprohibido.com

domingo, 27 de agosto de 2017

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Esto de la corrupción es tan viejo como el ir a pie. Hoy tenemos dos muestras claras. La primera en Sobná: es un extranjero que se ha escalado todo el escalafón del poder. Y ha sabido aprovecharse. Vive con un lujo desmesurado como para hacerse decir sí señor. Pretende hacerse un nombre eterno excavándose un sepulcro en la roca que mantenga viva su memoria. Pero mientras todo el mundo calla o murmura, Isaías se le encara. Sobná y toda la familia irán a la ruina total. Otro más digno ocupará su lugar.
2. Este otro es Eliaquim. Un funcionario ideal: siervo del Señor y servidor del pueblo. Llevará -se espera que con dignidad- las insignias de Sobná. Y las llaves del palacio real. Podrá entrar y salir sin depender de nadie. Cuando cierre, las puertas quedarán cerradas. Cuando las abra, quedarán abiertas. Más poder, imposible.
3. Y se comportará como un padre para el pueblo. Procurará el bien de la gente. Y... ¿qué más? Dicen que todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. ¿Se salvará Eliaquim? Será un padre, sí, pero padrazo. Con demasiado poder. Será como un clavo del que colgará toda la familia. Pecará de nepotismo, de favoritismo, de buenismo. Toda la familia se beneficiará. Hasta que el clavo falle y clavo y todo lo que de él penden se vaya al garete. Lástima, tanta ilusión que el profeta Isaías había depositado en él en nombre de Dios.
4. No es nada nuevo ¿verdad? Aprovecharse del cargo no para servir a la gente sino para aprovecharse de ella. No aprenderemos nunca. Todo el mundo lo ve y lo deplora... pero puesto en la ocasión haría esto mismo. Todo vale para conseguir el poder y mantenerlo. 
5. Nueva muestra de poder. Jesús –el Hijo del hombre- pregunta a los Doce qué dicen de él. Hay por todos los gustos. Como las habría si lo preguntásemos hoy. Las respuestas reflejan las expectativas de la gente de su tiempo: lo consideran un enviado muy especial de Dios. Un enviado para preparar la nueva etapa de la historia en que se verá con intervención fulminante de Dios tan esperada. Pero los desconcierta su manera de actuar. No lo acaban de entender. 
6. ¿Y vosotros? ¿Quién decís que soy? ¿Qué esperáis de mí? Pedro responde en nombre de todos: Tú eres el Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios vivo para establecer su reinado. Pedro acierta pero no por una deducción lógica, sino una revelación, una iluminación del Padre. Por eso Jesús lo proclama dichoso, feliz. 
7. La confesión o afirmación tiene unas consecuencias: 1) el cambio de nombre. De Simón hijo de Jonás pasará a llamarse Pedro, Piedra, la roca firme sobre la cual Cristo asentará la nueva comunidad, la Iglesia. Y los poderes tenebrosos de este mundo que todo engullen no podrán con la Iglesia. Está muy asentada sobre Cristo y la fe de Pedro y de los creyentes de todos los tiempos. También nosotros. Recordemos que la Iglesia somos nosotros, llamados de todo el mundo entorno a Cristo Resucitado.
8. Tendríamos que tenerlo en cuenta hoy que parece que la Iglesia –nosotros- vamos de baja en poder, en influencia, en número, combatidos un poco en todas partes desde fuera y a menudo socavada desde dentro por la impaciencia o por falsas expectativas mesiánicas y triunfalistas. No tengamos miedo. Si en XX siglos no la hemos hundido, es porque Cristo nos aguanta a nosotros, no nosotros a Cristo. Él da solidez al Pedro de turno. 2) Jesús confiere a Pedro unos poderes grandiosos: le confía las llaves del reino de Dios. Abrir y cerrar. Fenomenal si se lo toma no como un poder sino como un servicio. Teniendo ante los ojos el modelo de Jesús y aprendiendo de Xebnà y Eliaquim de los tiempos de Ezequías y de ayer y de hoy.
9. Pedro tendrá que aprender a hacer ir las llaves. Abrir las puertas a todo el mundo. “Abrid las puertas a Cristo”, clamaba el Papa Juan Pablo. Históricamente el poder de las llaves se ha usado más para cerrar que para abrir. Cuando soplaban nuevos vientos, cerrábamos las puertas para no enfriarnos. Pero nos quedábamos sin la media verdad que los vientos nuevos traían. Así perdimos la modernidad con el derecho de proclamar sin miedo los grandes valores cristianos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Perdimos el mundo obrero, estamos perdiendo el mundo femenino y sin la juventud. 
10 El hombre sabio y la dueña de la casa guardan de todo en el armario: nuevo y viejo. Sin malograr el vino añejo, hemos de arriesgarnos a poner el vino nuevo en odres nuevos. 
11. Pidamos para el Papa y para todos los que tienen alguna misión dentro de la comunidad eclesial el equilibrio necesario a la hora de usar las llaves. Venid a mí los agobiados y cansados, nos dice Jesús con el corazón muy abierto. Pedro, el de las llaves, será feliz si tiene el corazón a la medida del Corazón de Cristo.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Fano

jueves, 24 de agosto de 2017

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

1. A veces pensamos que Jesús lo tuvo muy fácil. Lo tenía todo claro y preciso. Pues no. No era así. A menudo necesitaba conversar a solas con el Padre para averiguar por dónde tenía que moverse. Más de una vez se retiró físicamente para no exponerse a ser víctima del odio de Herodes y compañía.
2. Tenía una misión precisa y concreta, limitada si queréis. Ni él ni los apóstoles lo tenían que hacer todo. Quién mucho abarca poco aprieta. Cuando envió a los Doce apóstoles, les recomendó: No os dirijáis a países de paganos, no entréis en ciudades de samaritanos; id más bien a las ovejas descarriadas de la Casa de Israel. Jesús se admiró de la fe del centurión, un no judío. Otro día se maravilló del buen corazón del leproso samaritano, el único que le agradeció la curación. Pero no eran sus objetivos preferentes.
3. Hoy encontramos a Jesús fuera de Palestina, en la zona de Tiro y Sidón, tierra extranjera. Le sale al paso una mujer no judía, pagana, y por lo mismo excluida e impura, a los ojos de todo judío que se precie. Ella grita con toda su alma la plegaria que le sale del corazón: Misericordia Señor, Hijo de David. La pobre tenía una hija totalmente desestructurada, endemoniada decía ella.
4. Sus gritos impertinentes molestan a los discípulos. Que la despache de una vez y nos deje en paz. Jesús reacciona escudándose en la ley: ¡He sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la Casa de Israel! Ella no es israelita. Pero no se amilana ni ceja en su empeño ante el muro de la ley o del deber. Que la cambie si es preciso, pero que me atienda. Se le pone delante, y se postra hasta el suelo: Señor, ayúdame. 
5. Francamente no me gusta la respuesta de Jesús. Me da la impresión de que, cuando María de Nazaret, la Madre de Jesús, se enteró, le diría: Aunque tuvieras razón, esto no se dice a nadie. Pero la fenicia no se da por vencida: «Sí, Señor, también los perritos comen las migajas que caen de la mesa de sus dueños. ¡Con qué dignidad sabe responder y convertir en su favor una respuesta tan poco agradable!
6. La fe de la cananea abre los ojos a Jesús. La “ley” que lo limita a un pueblo determinado no tiene razón de ser. La ley vale si está al servicio de la persona y más si es mujer, si es pobre, extranjera y necesitada. Y no lo pide por ella, sino por “mi” hija que sufre tanto, la pobrecita. 
7. La cananea recuerda a Jesús que ha llegado la hora que anunciaba Isaías: los paganos que se ponen generosa y amorosamente al servicio del Señor tendrán los mismos derechos que los israelitas. Incluso podrán servirlo en el templo de Jerusalén.
8. Observamos una cosa. Jesús tiene las cosas muy claras. “No ha llegado mi hora”, dice a su Madre en la boda de Caná. Por lo tanto no tiene porqué solucionar el problema de los novios. Pero la fe de María le recuerda que toda ley tiene excepción y que todo límite tiene un agujero. Si no ha llegado la hora de la plenitud, - el momento de la Pasión, muerte y resurrección- ha llegado el momento de dar un anticipo. “Mi campo de acción es el pueblo de Israel”. La cananea con su fe, mueve a Jesús a dar una garantía de que también los pueblos paganos entran en el plan de salvación del Padre. 
9. De hecho, la fe de personas que han topado con derecho canónico o las leyes de la Iglesia, han acabado imponiendo el último canon del código: el nº 1752: La salvación de la persona es siempre la ley suprema de la Iglesia. En realidad recoge la palabra de Jesús: El sábado está hecho para el bien del hombre, no el hombre para el sábado.
10. Siendo de Cristo Jesús, no importa estar o no circuncidados; lo que cuenta es la fe que obra por medio del amor. Lo dice san Pablo. María de Nazaret, la madre de Jesús, y la buena cananea anónima, han obrado maravillas por su fe activada por el amor. Es la palanca que Jesús ha puesto al alcance de cualquier cristiano.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy