martes, 15 de agosto de 2017

SORPRESAS Y MILAGRO

Media tarde. Paseaba yo por uno de esos parques de ciudades grandes que ocupan mucho, mucho sitio, en medio de las casas de la ciudad. Ya hoy las casas son pisos y a veces parecen pisos desiertos, pero no: demasiados sentimientos dentro de cada piso como para que sean lugares vacíos. Y en mi paseo por el parque veo a un anciano que está allí, leyendo un periódico, sentado en una sombra. Cerca de él hay un quiosco donde abundan los libros viejos, sellos de los de antes y postales, también de las de antes. El antes y el hoy se juntan y no sé si el periódico que está leyendo el anciano sentado en una sombra es de ayer o adelanta ya noticias de mañana.

Mientras paseo y piso las hojas amarillas caídas de los árboles, que viven de pie y no se doblan ni con los vientos recios, voy pensando en las sorpresas de la vida y en que algunas hasta me parecen un milagro. ¿No es milagro estar vivo y ver con mis ojos en este parque docenas de personas tan variadas, cada cual con su mochila al hombro, y cada una con sus pesares, sus esperanzas y sus prisas? Ver, oír, sentir. ¿No es milagro que a uno le entren ganas de querer a la gente, sean niños, viejos, mendigos o solitarios con cara de sufrimiento? 
Me suena el móvil. Se han debido equivocar porque se corta la llamada y, como sin querer, se me va el dedo a “calendario”. ¿Qué día es hoy? 15 de agosto. “¡Milagro, milagro!”, me sale casi a gritos la expresión. Pienso que hasta me habrán oído los que estaban cerca. No me importa. Y ya para mis adentros me voy diciendo, con mucha alegría y sentimiento de paz: ¿y no es más milagro aún lo que nos recuerda la fiesta de la Asunción? ¿Queréis más milagro que saber que se puede vivir, feliz y para siempre, porque eso de morir no es un estado permanente sino sólo el paso que se precisa para llegar a la vida que ya nunca se acaba? 15 de agosto. ¡Milagro!
Texto: J.M. Ferrer
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

LA ASUNCION DE LA VIRGEN MARIA (15 AGOSTO)

1. En Cataluña era muy popular una canción que en versos muy ingenuos explicaba la vida de la Virgen Niña. Afortunadamente se puede todavía escuchar en la voz de alguna artista. Aquellos cristianos de tiempo atrás sabían plasmar en letras aparentemente sencillas su profundo sentido de Dios y de Santa María. Algo que los sabios tan sabios de hoy no serían capaces de hacer. 
2. Era una manera pedagógica de acercar la figura de Santa María a las más pequeñas: la escuela donde se aprendía a coser, a leer y escribir, a hilar, a tejer y a rezar. Hoy lo diríamos de otra forma, seguro. Los tiempos han cambiado. Entonces y ahora los ángeles acompañan a los pequeños como acompañaban a la niña María. 
3. Pero no disimulaban la vida sencilla y austera de la futura Madre de Jesús, la Virgen María. Ella dejó siempre una ventana abierta a la acción del Espíritu Santo. Su camino fue bastante más duro que el nuestro, un camino de fe que tuvo que recorrer casi a solas contra muchas evidencias. Isabel la felicitó por haber creído, por haberse fiado de Dios. 
4. María es la Madre del Señor profunda y amorosamente unida a su Hijo: como madre, como educadora, como discípula, como seguidora de Jesús durante su vida. Y fiel como mujer y como madre al pie de la cruz. 
5. Como hijos de Adán que somos todos hemos de morir. Jesús murió. Y murió también Santa María. Pero Jesús y María nos dicen que la muerte no tiene la última palabra. Jesús ha vencido a la muerte resucitando el primero. Y para confirmar que también nosotros resucitaremos con Él, hace partícipe de su resurrección a su Madre. 
6. Es lo que celebramos hoy. A María conformada del todo a su Hijo resucitado, la invocamos como esperanza nuestra. En Ella vemos realizado lo que nosotros esperamos. Es la garantía de que la persona entera es salvada, de que la humanidad entera disfrutará del gozo de Dios. 
7. María, unida a Jesús en la vida y en la muerte, es la primera en compartir su resurrección. Es lo que celebramos hoy en la fiesta de la Asunción. María es conformada en cuerpo y alma a su Hijo resucitado. Y al mismo tiempo viene a ser esperanza nuestra, porque vemos realizada en ella lo que nosotros esperamos. Ella nos garantiza que nuestra humanidad entera disfrutará del gozo de Dios. La salvación afecta a toda la persona humana. María es también Madre de misericordia, capaz de mirarnos con ojos maternales y animarnos a recorrer nuestro camino como lo recorrió ella: con fe y con amor. 
8. María, en su sencillez, es toda una mujer. Es la MUJER. Ella respondiendo al saludo de otra gran mujer, Isabel, expresó en el Magníficat, que tan a menudo cantamos, cómo Dios actúa en el mundo sirviéndose de gente muy sencilla y muy humilde. 
9. En el campo religioso Dios desinfla las pretensiones de los que quieren ocupar el lugar de Dios mientras oprimen a los demás. En el campo político, Dios derriba a los poderosos del trono, a menudo corrompidos y corruptores, y enaltece a los humildes, a los pequeños, a los que cuentan poco o nada a los ojos de los grandes. Dios no ama a los que se creen amos del pueblo y se sirven de él para sus intereses en vez de servirlo.
10. Dios bendice a los que promueven el bien de las personas y de la sociedad sin discriminaciones raciales, políticas ni religiosas. En el campo social Dios condena el clasismo basado en el dinero y en los medios que el dinero procura. A los pobres los colma de bienes para instaurar una verdadera fraternidad dentro de la sociedad y entre los pueblos porque todos son hijos de Dios. 
11.El cántico de María es profundamente revulsivo y muy gozoso y esperanzador porque asegura que Dios cuenta con nosotros para crear un mundo nuevo en todos los ámbitos, el religioso, el político y el social. Es la gente aparentemente anónima la que aguanta, promueve y empuja adelante, impulsada por el Espíritu de Jesús, a la Iglesia y al mundo. Como María.
12. No estamos sólos, María Asunta, vive y nos anima a recorrer el mismo camino que ella recorrió con la segura esperanza que un día compartiremos con Ella, con Jesús y los Santos, su misma gloria.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: paracoloreartodo.blogspot.com.es

sábado, 12 de agosto de 2017

DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO

1. El evangelio de hoy tiene un contexto: Jesús con el concurso de los apóstoles ha alimentado a una multitud en el desierto. Luego confía la misión a los apóstoles de precederle a la otra orilla del lago de Genesaret. Que le allanen el camino a dondequiera que vayan. Él se queda solo en la montaña, orando.
2. Es lo que hacemos ahora. Alimentados con el Pan que es Jesús, se nos despide diciendo: Podéis ir en paz. No se nos dice que hemos cumplido con nuestra tarea. No. Jesús, con las palabras del sacerdote, nos envía a la otra orilla para que le abramos el camino, para que nos llevemos a casa la buena nueva y la hagamos correr. Nosotros, como Iglesia, somos la prolongación visible de la presencia de Jesús en nuestro ambiente. Somos su sacramento. Jesús confía en nosotros.
3. En la pequeña iglesia que es la comunidad cristiana o la familia y la gran Iglesia universal somos la barca de Pedro sacudida por adversarios de todo tipo: con el viento contrario y las olas encrespadas del mar. Hoy a menudo los cristianos somos duramente combatidos por todas partes o sabiamente ignorados por el hecho de ser lo que somos. Cualquiera puede presumir de este carné o del otro. Las puertas se le abren. Pero que no presuma de ser cristiano o de creer en Dios. Muchas puertas se le cerrarán. O le declararán persona no grata. Como a Jesús.


4. No temamos. Seamos honrados y coherentes manteniendo nuestras convicciones cristianas sobre la vida, la palabra, el amor, el matrimonio, la libertad frente a tantas tendencias deshumanizadoras. No será nada fácil mantenerse firme y flexible ante una sociedad que se traga sin pestañear el sapo de la postverdad: La mentira repetida se convierte en verdad aceptada acríticamente. 

5. Entre tanto ¿dónde está el Señor? ¿Todavía en el monte orando? ¿No será un fantasma lo que vemos? Tal vez sí que hemos convertido a Jesús en un ente raro, envuelto entre nubes de algodón, sin ninguna capacidad de atraer o entusiasmar.

6. Arriesguémonos, tirémonos al agua como Pedro atraídos por la presencia y la palabra de Jesús. Pero es tan fuerte el vendaval... ¡Que nos hundimos, Señor! ¡Sálvanos, Señor!
7. ¿A dónde vais con tan poca fe? Agarrémonos fuerte de su mano que lleva la marca de unos clavos. Está clavado en nuestra misma cruz. Es fuerte y nos comunica su fuerza. 
No tengamos miedo. Con nuestro miedo hacemos más audaces a nuestros adversarios. No tenemos nada que perder. Queriendo salvar la piel, lo echaríamos todo a perder.
8. Liberémonos de fantasmas, de falsas ideas de Dios, de Jesús, de la iglesia y de nosotros mismos y abracémonos con amor a la verdad que nos hará libres... porque nos hace hijos y hermanos.
9. Tenemos el ejemplo de un predecesor y maestro de la fe. San Pablo. Es un patriota. Decirse patriota en ciertos ambientes hace tan carca cómo definirse cristiano. Pues, no. Pablo ama apasionadamente a su pueblo. Valora sobre todo que de Israel proviene, en su humanidad, el Mesías, que es, por encima de todo, Dios bendito por siempre jamás. ¡Amén! Por eso le duele tan profundamente que buena parte de su pueblo no haya aceptado ni reconocido Jesús. ¡Cómo querría ser entregado a la destrucción y ser separado del Cristo, si esto ayudase a mis hermanos, los de mi nación judía!
10. La actitud de Pablo no es chovinismo ni “nacionalismo” de vuelo gallináceo. Si los cristianos hubiéramos leído y aprendido lo que Pablo dice de Israel escribiendo a los Romanos, nos habríamos ahorrado todas las atrocidades perpetradas a lo largo de los siglos contra el pueblo judío, tantas veces recluido en “juderías o guetos” en tantos pueblos nuestros. Y la infame shoah –el holocausto- ejecutada en los campos de exterminio. 
11. Como san Pablo tal vez nos lamentemos que en un pueblo de tan profundas raíces cristianas, las hayamos en buena parte abandonado. Pero no temamos. Recojamos el espíritu de los beatos Pere Tarrés y Francesc Castelló que en un país tremendamente agitado, supieron organizar a muchísimos jóvenes que sentían el orgullo de ser cristianos. En un mundo ingrato y triste somos caballeros, fieles a Cristo.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

viernes, 11 de agosto de 2017

IR DE VACACIONES

“¿Y eso qué es?”, me preguntó un día alguien que no lo sabía… “Mira, le dije, como preguntes a la gente, te darán mil respuestas…” Ir de vacaciones es una cosa. Descansar es otra. Contemplar y cuidar la naturaleza es otra. Y estar con las personas y comunicarse bien es otra. Animo a que, en vacaciones, nos demos cuenta de que se necesitan pocas cosas para vivir ya que, sin enterarnos mucho, quien más quien menos, hemos entrado en la vorágine de las compras y de los gastos, siguiendo la rueda de la sociedad de consumo, criticada y practicada al mismo tiempo.
Ya sería bueno no sólo saber esto, que todo el mundo dice que lo sabe, sino ir tomando conciencia de lo dicho y empezar por apostar por otro estilo de vida en el que cuenten más las personas que las cosas. Un nuevo estilo de estar en el mundo que respete la vida, que desarrolle la capacidad de salir hacia el otro, que lo respete aunque piense distinto, que no renuncie a los valores del espíritu que dan sentido a lo demás, que cuide en serio la naturaleza y piense que no es suya sino que es de todos y para todos. Si uno no vuelve mejorado en lo que debe ser lo mejor de uno mismo después de ir de vacaciones, no sé si le dará para aprobar el examen de humanidad. ¿Ya sabemos cada uno qué es lo mejor de nosotros mismos? 
¿Pensar en vacaciones? Ofrezco un tema. Se puede pensar en la crisis cultural y ecológica que padecemos. Y, descansando, pensar en un sistema educativo nuevo, que seguramente ha de empezar en las familias, que cree nuevas ideas y nuevos comportamientos, empezando por el esfuerzo y la constancia a la hora de hacer la cosas, hasta llegar a la caridad con los demás y al encuentro con lo espiritual porque, si no hay ni caridad ni espiritualidad, la tierra del alma se seca y a ver qué produce un terreno seco además de espinas y abrojos. 
Texto: J. Ferrer 
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

jueves, 10 de agosto de 2017

DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Por diversas circunstancias no publicamos el domingo pasado el siguiente documento.

¿Han oído hablar de la lectio divina, así, en latín, que es como mejor se entiende? Es muy sencillo. Es una lectura divina, una manera de orar con la Biblia o con el evangelio. Por ejemplo, ahora acabamos de escuchar unas lecturas. La lectio vuelve a leer el texto para ver qué dice: quién habla, de qué tratan, qué hacen... Después me pregunto: En esto que he leído, qué me dice a mí el Espíritu Santo. Finalmente qué respondo yo a la invitación del Espíritu ahora y aquí. Y procuro llevar a la vida lo que he aprendido.
2. En medio de este agosto abrasador, Jesús nos invita a subir con él al Tabor a leer a la luz de la Palabra de Dios el momento que vive con los apóstoles. Un rato de lectio divina. Lo necesita. 
3. Pedro es el pescador de Galilea convertido en discípulo de Jesús. Con sus ojos de hombre de pueblo ha intuido y proclamado que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios vivo. Muy bien, Pedro, le dice Jesús. Dios te ha inspirado. Pedro se frota las manos pensando en un Mesías tal como lo esperaba la gente: un superhombre, un extraterrestre, un galáctico, por encima del bien y del mal y con todos los atajos a su alcance para llegar donde quiera. Es el Hijo de hombre de quien habla Daniel: recibe de Dios la soberanía, la gloria y la realeza. Todos los pueblos le rendirán homenaje. Junto a este Mesías tiene el escaño y la vida asegurados.
4. Pero Jesús le despierta de su sueño. Sí que es el mesías, sí que es el Hijo de Dios pero no como la gente imagina. Es un hombre de medida humana. Y como todo hombre si quiere subir al Tabor en pleno agosto tendrá que sudar la gota gorda y resoplar, como nosotros. Mira con sus ojos, piensa con su cabeza, ama con su corazón. 
5. En el siglo XIX un célebre rector de una universidad dijo al rey: Lejos de nosotros la funesta manía de pensar. Y he aquí que Jesús contrajo y practicó esta funesta manía. Y así entra en el juego y el choque normal de las libertades. Y en este juego unos días le aplaudirán y otros lo silbarán. En el choque finalmente le tocará la suerte de los profetas que lo han precedido. No se guía por encuestas sobre qué quiere el pueblo o lo que le gusta. Sino lo que le conviene. 
No halagará a la gente: no les dirá lo que quieren oír sino lo que les conviene. Ni halagará a los poderes civiles, militares, religiosos o económicos. Y se enfrenará con todos.
6. En el Tabor Jesús examina su situación conversando con Moisés y Elías. Y querría que Pedro, Santiago y Juan aprendieran a mirar la realidad con ojos nuevos, con lentes más precisas.
7. ¿Saben de qué hablaban? Hablaban del éxodo, el largo camino de Moisés conduciendo al pueblo de la esclavitud a la libertad. Del camino que recorrió Elías hasta descubrir que Dios no es partidario de la violencia del huracán y del terremoto sino de la suavidad persuasiva de la brisa. Dios es compasivo y benigno. 
8. Moisés y Elías se afanaron para que el pueblo cumpliera este éxodo, el paso hacia la libertad. De Egipto hacia la tierra prometida. De un concepto poco apropiado de Dios a una concepción nueva de Dios. No tuvieron mucho éxito. De hecho, ellos y los otros profetas y líderes fueron más bien desterrados y a menudo asesinados. Jesús seguirá el mismo camino, que para él pasa por vivir fielmente la condición humana hasta las últimas consecuencias. Por fidelidad al hombre llegará a la gloria de la resurrección pasando por el trance de la incomprensión, de la cruz y de la muerte. 
9. Y esta imagen del Mesías, hombre entre los hombres y maltratado como un esclavo, recibe la aprobación del Padre: «¡Este es mi Hijo, el amado, estoy orgulloso de él! Escuchadlo”. Los tres discípulos se espantaron. El Padre aprueba el camino de Jesús que es el mismo camino nuestro: pasar por el mundo haciendo el bien y amándonos como el Padre nos ama.
10. Y ahora, levantaos, no tengáis miedo. Moisés y Elías se han retirado. Los tres discípulos –y nosotros- se encuentran con Jesús a solas. Con él ya lo tienen todo. Hay que bajar de la montaña encantada para continuar el camino de todos, pero con ojos nuevos, con sentidos nuevos, con un corazón nuevo.
11. Para esto nos irá bien subir de cuando en cuando al Tabor con la Biblia en la mano a orar y a mirar el mundo, a las personas y los acontecimientos a la luz de Jesús, que como el nombre indica, es Salvador.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano

miércoles, 9 de agosto de 2017

LITERATURA, SOLO LITERATURA: PREGUNTAS EXCESIVAS...PARDON

¿Qué hacer cuando nos ponemos –de buena fe y con integridad intelectual- ante estas dos cuestiones/principios: “no soy/somos de este <mundo>” y “cuidado/sorge, estáis entre lobos”?
¿Les dejamos el mundo a <ellos>…o quizá -después de la experiencia histórica, difícil pero…, más allá en Italia, p. e. o en el conglomerado del P.P. aquí- a un sufragáneo núcleo organizado con las “artes” de este mundo llámese D.C. u otro apelativo más discreto?
¿Por qué cuidarse de los que ahora ya no pueden ser rotulados como enemigos (¡nada de radicalismos, por Dios!...) …pues quizá ya somos todos (casi todos…) borregos, o nos hemos hecho unos lobitos asertivos.com?
El <mundo>, a Dios gracias, no es ni de <ellos> ni para ellos. Tampoco para ninguna secta o <enterados>…¡ya les gustaría que claudicáramos! Si nuestra fe nos dice que nada termina para los hombres, y estamos en este mundo, eso significa que la eternidad desde que hemos sido creados ya ha comenzado. Este mundo no lo es todo, como nada temporal, circunstancial lo es todo, así que, “ no soy de / para este mundo”, pero estando-pasando por él, este mundo <circunstancialmente> es mi mundo. Así que ni sectas, ni D.C., ni dejación de responsabilidades tienen nada que ofrecerme a mi como responsable de una vida que ahora pasa por aquí pero que está SIENDO. Y como no soy / no me agoto en este mundo nadie puede sustituirme, disculparme… de lo que voy viviendo en él. Nadie significa que ni muchos ni pocos me representan… y ni siquiera me pueden hacer el favor de “beneficiarme” con una distracción comodísima de lo que pasa… y <ellos> hacen con el mundo… incluida la Iglesia.
¡Nada, pelillos a la mar, principios, valores, vidas… todos amigos…<amigos para siempre>! Pues no, los lobos con mandil o con soware baten el territorio y van como lo han hecho siempre a sembrar la confusión temblequeante o la muerte social. El síndrome conocido como “de Estocolmo” es ya una epidemia que se ha extendido horizontal y profundamente, y que va alcanzando grandes hitos. ¡Al lobo como lobo y no desde la ignominia de la “posición” del avestruz! No basta con escribir aquí y allá, o quizá decir muy morigeradamente “que no compartimos completamente su punto de vista o consideración sobre tal y cual <tema>”, es necesario aceptar que “vinieron y vienen a por nosotros” (¡por los clavos de Cristo que lenguaje!). Sonriendo bobaliconamente o mutando casi, casi todo no van a “pasar de nosotros”, es posible que nos encontremos con un resultado no “deseado”, que los <nuestros> empiecen a pasar de <nosotros>. Perdón, ¡nosotros!...que exceso, que rotundidad, ¡por Dios! Yo no soy <nosotros> por definición, no.
En definitiva yo/nosotros (aquellos que se reconozcan…) de “otro mundo”, pero en este, aunque transitorio, estamos rodeados… pero no “acabados” por lobos de diversa apariencia y adscripción. Prima: reconocer a los que no han vendido su alma/imagen…por la tranquilidad y la afiliación protectora de los mercaderes de los diversos templos (político, cultural, sectario,…”de los <nuestros>”) y, Seconda: vivamos…si no lo hemos hecho hasta ahora, a la manera del <otro> mundo donde a los lobos con cuernos y ojos encendidos…se les dio y da batalla… organizados a la <maniera celestial>. Los curas trabucaires fueron una figura histórica –muy de este <mundo>- que no es/será eterna… ¡uff!
Tranquilidad, siesta y feliz verano…hermanos.

Texto: redacción Cultura y Fe hoy
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

domingo, 30 de julio de 2017

DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Es uno de los evangelios más fáciles de entender. Es el grito ¡ÉUREKA! de Arquímedes cuando descubrió por qué flotamos en el agua. Salió por las calles loco de alegría. Es el éureka del novio o de la novia que de pronto descubren la persona que les acompañará toda la vida. Como el día que san Agustín se enteró de que tenía dentro al Dios que buscaba fuera. Salomón cuando recibió del Señor el don de la sabiduría del corazón con que gobernar a su pueblo.

2. Éureka! Es el grito de alegría del que encontró el tesoro escondido en el campo o del descubrió en la joyería la perla preciosa en que soñaba. Un grito de alegría algo disimulado para que nadie le robara su sueño.
3. Jesús nos quiere contagiar a todos de la alegría por el tesoro encontrado y por la perla preciosa. El tesoro, la perla de del reino de Dios... El reino de Dios.
4. Y ¿qué esto reino de Dios? ¿Por qué rezamos tantas veces: Venga a nosotros tu reino? Es el proyecto que el Padre del cielo tiene sobre todos y cada uno de nosotros y sobre todo el mundo. El sueño de Dios cuando nos ha puesto en la tierra y que quiere que entre todos realicemos aquí y ahora. Con Jesús ha llegado el momento de realizarlo.
5. Preguntamos QUÉ es el reino de Dios como si fuese un lugar o una idea bonita. Es mejor preguntar ¿QUIÉN es? Porque es ALGUIEN, una persona. Es Jesús. El que da con Él ha encontrado el tesoro y la perla. Se enamora de él y lo sigue. Juan Bautista señaló a Jesús diciendo: He ahí el Cordero de Dios. Andrés que lo oyó, se fue detrás de Jesús y pasó el día con él. Al día siguiente, estaba tan contento que dijo a su hermano: Pedro, hemos encontrado al Mesías. Y lo mismo dijo Felipe a Natanael: Lo hemos encontrado. EUREKA! En Jesús encontraron el sentido de su vida. Siguieron a Jesús, se hicieron discípulos de Jesús, le dedicaron toda su vida.
6. La carta a los Romanos explica este tesoro: el Padre Dios nos ama tanto que quiere para cada uno de nosotros lo mejor de lo mejor: su Hijo Jesús. Quiere para nosotros lo que quiere para Él. Quiere que seamos cómo él, formados en el mismo molde. De forma que Jesús sea el hermano mayor de una gran familia. Todos tan diferentes y todos marcados con su imagen.
7. Donde nosotros vemos un bloque de mármol o un tronco informe, el artista ve la imagen que esconden. A golpes de cincel o de martillo los va desbastando hasta darles la forma. Hasta que aparece la imagen de Cristo que el Padre quiere de nosotros. Todo colabora para el bien de los que le aman.
8. Jesús es el hermano mayor de todos los hermanos que formamos la familia de Dios. Y todos los hermanos se parecen. Viendo a uno los adivinas a todos. Jesús resucitado encarga a Maria Magdalena: Corre a decir a mis hermanos: me voy al Padre que es también vuestro Padre... ¡Qué maravilla! Todos podemos decir con Él: Padre nuestro!
9. Entre todos formamos el Cuerpo de Cristo, somos la presencia de Cristo en el mundo. Hacemos presente “el reino de Dios” cuando con Jesús y como Jesús pasamos por el mundo haciendo el bien: Acariciando o consolando, sembrando amor, salud y alegría. Visitando y curando a los enfermos o cenando con los “pecadores” y perdonando, compartiendo la Eucaristía. O proclamando la palabra de Dios. También lo hacemos presente – ¡y de qué manera tan misteriosa!- cuando ya no podemos hacer nada, cuando parece que no somos nada, cuando parece que somos una carga o un estorbo para la familia o la sociedad. Cuando estamos clavados en la cruz con Jesús. Solo amamos y nos dejamos querer. Con Jesús colaboramos a la salvación del mundo.
10. Que el Espíritu Santo nos abra el corazón, los ojos y los oídos para descubramos el tesoro escondido y la perla fina. Que nos llene el corazón de alegría, de la alegría del Evangelio, de la alegría del amor, de la alegría de ser sacramento –presencia visible- de Jesús en el mundo. Y la alegría de ser testios que Dios nos ama tanto y ama tanto a este mundo que nos ha entregado a su propio Hijo, Camino, Verdad y Vida.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: Fano dibujante