viernes, 20 de octubre de 2017

DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO


1. Podríamos empezar releyendo la carta de san Pablo y compañeros a los cristianos de Tesalónica. Es el documento escrito más antiguo del Nuevo Testamento. Es del 50/51. Una filigrana de ternura y fraternidad.



2. Pablo, Siles y Timoteo se dirigen a “la iglesia” doméstica de Tesalónica como se podrían dirigir hoy a la nuestra. Un grupo variado de gente reunida y tiernamente amada por el Padre Dios y su Hijo Jesús, Cristo y Señor. Les desean la “gracia” = el favor de Dios, y la “paz”, la que Jesús daba a los apóstoles aquella noche del Cenáculo.

3. Siempre que se encuentran celebrando la eucaristía, ellos se acuerdan de aquellos cristianos y los felicitan por la fe que tienen: tan dinámica y activa. Por su amor solidario no siempre fácil. Y por la esperanza activa paciente y firme que mantienen medio de las dificultades. Practican simplemente las tres grandes virtudes teologales fe, esperanza y caridad, inseparables. Las tres juntas definen la vivencia total del compromiso cristiano.
Denario romano 22 aC
4. Una muestra fehaciente de que Dios los ha elegido es que han acogido la palabra que Pablo les comunicaba con la convicción que les venía del Espíritu Santo que los inspiraba. 

5. Unos cristianos así, tan empapados del sentido de Dios, eran capaces de captar el sentido de la historia de Israel y ver la intervención de Dios liberando a su pueblo desterrado en Babilonia valiéndose de un personaje que ni siquiera lo conocían: Ciro, el rey persa que buscaba realizar sus ambiciones políticas. Y aun así Dios lo había ungido como se ungían los reyes, los sacerdotes y los profetas de Israel. Era un Cristo, un mesias libertador. Dios se sirve de quien quiere para llevar adelante su proyecto de salvación.

6. Y se podían acercar a Jesús con una fe y una confianza para recibir una lección de política global. No van con la mala fe de los fariseos y de los partidarios de Herodes que empiezan haciendo el mayor elogio que se podría hacer de Jesús: es veraz, sincero, recto, enseña el camino de Dios, sin halagar a los oyentes sino diciéndoles lo que necesitan. Adulando al Maestro, esperaban una respuesta que lo comprometiera.


7. Los “entrevistadores” no pueden tener ninguna imagen de nadie y menos del emperador de Roma. Y aun así –ellos tan santos y tan observantes de la Ley- están en el templo de Jerusalén con los bolsillos llenos de denarios con el icono del cesar. Jesús, más coherente, no lleva ninguno.

8. La respuesta es habilidosa: Dais al cesar aquello que le pertenece y a Dios aquello que es de Dios. Si reconocen el curso legal de la moneda, quiere decir que aceptan el sistema económico y sus consecuencias. Si queréis buenas carreteras, buena educación y atención sanitaria, hay que pagarlo al contado. 

9. Jesús no divide el mundo en dos reinos (el de Dios y el del cesar) poniéndolos al mismo nivel. Tampoco establece dos órdenes separados: laico el uno y divino el otro, sin que el divino pueda meterse para nada en el mundo laico. El estado no es el valor supremo. Jesús afirma nítidamente los deberes para Dios. Y Dios siempre tiene en cuenta todos los rostros humanos doloridos. Para él, la gloria de Dios es que el pobre viva, que el hombre viva.

10. Los cristianos son ciudadanos de pleno derecho tanto si los gobernantes son creyentes como si son ateos y tienen que cumplir sin fraude ni evasiones los deberes del buen ciudadano. 

11. No se pueden mezclar política y religión. El cristiano puede vivir bajo cualquier autoridad, cristiana o atea mientras sea legítima y justa. Tampoco un gobernante cristiano puede discriminar los no cristianos o no creyentes. San Pablo afirma que quien cumple sus deberes de ciudadano cumple el mandamiento del amor. No ha de deber nada a nadie. Solo tiene una deuda: amar al prójimo. Así será buen ciudadano.

Autor: J. Sidera cmf
Foto: fuenterrebollo.com

viernes, 13 de octubre de 2017

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO


1. Podríamos hablar de Iglesia misionera o iglesia en salida. Porque son nombres que dicen con el evangelio de hoy.


2. Pero antes de salir, podemos participar en el suculento banquete que el Padre Dios prepara para su pueblo: platos sabrosos y de vinos rancios.Y hemos de gozar de los regalos que nos tiene preparados: nos quitará la venda de los ojos para que percibamos su presencia salvadora en el mundo y en nuestra vida. Y, vencida la muerte que tanto nos molesta, enjuagará las lágrimas como sabe hacerlo una madre.

3. En un mundo donde se pasaba más hambre que sueño, Jesús toma de los convites argumentos para parábolas, como la de hoy. Nos convida al banquete de bodas que el Padre prepara para su Hijo en su desposorio con la humanidad.

4. Ante todo invita a personajes amigos y de gustos refinados: los grandes sacerdotes, los terratenientes, los sabios. Y prepara todos los elementos de una fiesta que ha de durar días. Cuando llega el momento envía a sus mensajeros que insistan en la invitación. Nadie les hace caso. Bastante tienen con sus negocios y viven bastante satisfechos como para para perder tiempos con otra boda. Y los hay tan desalmados que incluso los maltratan y asesinan. Esto es demasiado.

5. Pero todo está a punto y no hay que echar nada a perder. Y envía a sus mensajeros a invitar a todo el mundo. Buenos y malos: cojos, ciegos, estropeados. Y a quien quiera que encuentren. Para ellos será lo que lo que han despreciado los demasiado hartos, los demasiado poderosos, los demasiado sabios.

6. La sala está atestada de gente. El amo se siente contento y orgulloso. Es gente pobre pero honrada, mucho más honrada que los reciben los honores y agasajos de su clientela. Todos los convidados se han arreglado como han podido. Pero el amo ve a uno que va andrajoso y sucio. Hombre, se puede ser pobre, pero ir mínimamente limpio está al alcance de cualquiera. Y lo despacha.

7. En una comunidad como nuestra cabemos todos. El Señor ha mirado más su amor que a nuestros méritos, nuestro vestido o la buena cara o las buenas obras que hacemos. Pero hay quien cree que por el hecho de haber entrado ya lo tiene todo asegurado. Y el Amo nos recuerda que el amor que nos tiene exige una respuesta de amor: aquel mínimo de dignidad, de decencia y responsabilidad que todos tenemos y que tanto contribuye al bien y a la felicidad de la comunidad religiosa, cívica o social.

8. No nos tiene que asustar que seamos como somos. El Papa Francisco dice que la Iglesia es como un hospital de campaña. Y en un hospital abundan los enfermos de toda clase y hay unos cuantos más enteros o no tan enfermos que están al servicio de los demás. Lo menos que se nos puede pedir es que nos comportemos con un mínimo de comprensión y de agradecimiento.

9. Hemos de ser una iglesia misionera, en salida. Personas que salgamos de nuestro caparazón y ofrezcamos a todo el mundo los bienes tan preciosos de que gozamos. Quizás algunos que creen tenerlo todo o saberlo todo no nos harán caso. Incluso nos eliminarán con palabras o sonrisitas más cortantes que cuchillas. No nos agobiemos. Ya habrá quien absorba ávidamente el mensaje de amor, de esperanza y de libertad que les anunciemos más con hechos que con palabras.

10. San Pablo nos receta una pildorita para la vida. Saber vivir cuando todo nos va bien y saber vivir cuando nos falta todo. Lo podemos conseguir si ponemos la confianza en Jesús que nos asiste. Y recemos lo del salmo: El Señor es mi pastor, nada me falta. En verdes praderas nos hace reposar.


Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

lunes, 9 de octubre de 2017

ALZHÉIMER

Ni ellos ni ellas, los protagonistas de esa jornada, supieron que el pasado día 21 de septiembre era el “Día mundial del Alzhéimer”. Eso no lo supieron. Han perdido el recuerdo de casi todo. Hay un casi que aún recuerdan. Me lo habían dicho, pero lo he comprobado y casi siempre es verdad: estos enfermos, que no reaccionan ya a estímulos normales, siguen sintiéndose vivos y se les cambia el rostro si se les ofrece cariño, afecto y ternura. Abrázalos y los sentirás vivos. Nos es tan necesario ser amados que eso no lo borra ni ”la enfermedad del olvido”, como es llamada de hecho la enfermedad del Alzhéimer. Para que luego andemos por ahí “pegándonos” los unos a los otros. ¡Qué locura! ¿Cuándo aprenderemos que la mejor medicina es amar y ser amados? Y “no es “por llevar el agua a mi molino” pero, ¿se han dado cuenta de que esto es precisamente el abecé del Evangelio?



Puede ser importante, que lo es, el número de afectados, las veinticuatro horas del día que les dedican quienes los cuidan, casi siempre del entorno familiar, las causas genéticas, el influjo de los estímulos ambientales, los procesos de degradación de determinadas proteínas cerebrales, la alimentación, el modo de vida, etc. Pero lo que más importa son ellos y ellas, son nuestros ellos y ellas, su cuidado y el cuidado de quienes les atienden. 

¿Tiene sentido una vida que no recuerda, que no sabe de sí misma ni de los demás? Pregunta difícil. Pienso que la respuesta vendrá por el sentido que le demos al sentido. Quien crea en su corazón que cada persona, esté como esté, vale por ella misma, es una cosa. Quien piense que las personas son lo que producen, eso ya es otra cosa.


Texto: J. M. Ferrer
Foto: blog.diagnostrum.com

domingo, 1 de octubre de 2017

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Cuidado con Jesús. ¡Y cómo provoca! Empieza san Pablo exhortándonos a tener los mismos sentimientos de Jesús en nuestra relación con los demás. Mirarlos desde nuestra realidad de personas tan limitadas como ellos. O mirarlos como querríamos que ellos nos miraran. Descentrarnos de nuestro yo y fijarnos en lo que interesa al prójimo, los otros. No como rivales con quienes competir y o de presumir de que somos los más guapos, los más influyentes, los más ricos.
2. ¿Qué hizo Jesús? Tenía todos los números para ser el mejor y el más fuerte. Tenía la categoría de Dios. Pero cuando el Padre nos lo envió para que se hiciera uno de nosotros -un cualquiera, vaya- dejó atrás su categoría divina y endosó la categoría humana. Hombre entre los hombres, entrando de lleno en el juego y en el choque de las relaciones humanas. Y en este choque llevó las de perder. Fue contado entre los últimos de los últimos en la escala social, como un esclavo. Y lógicamente mereció la muerte de los esclavos: la cruz. En esto consiste su obediencia al Padre.

3. Y cuando no es más que un guiñapo colgado en la cruz, el centurión descubre su dignidad: realmente este hombre es el Hijo de Dios. Cada guiñapo de hombre tiene la profunda dignidad de hijo a los ojos de Dios, y merece todo el respeto, el mismo respeto que tenemos o mostramos a los que están encaramados socialmente por lo que saben, tienen y pueden.
4. Y en premio de esta obediencia suprema de hacerse hombre para enseñarnos lo que los hombres y las mujeres somos y valemos, incluso cuando no lo parece, el Padre le sobrexaltó dándole el nombre-sobre-todo-otro nombre. No sólo el nombre, sino la realidad de SEÑOR. Todo el mundo reconocerá que el hombre Jesús de Nazaret, Mesías crucificado y resucitado es SEÑOR, el nombre que solo Dios se puede atribuir. Y el Padre Dios nunca es tan conocido y amado cómo cuando reconocemos en Jesús toda la categoría de Dios. Todo labio confiesa que Jesús es SEÑOR.


5. Fijaos cuánto valemos a los ojos de Dios: valemos lo mismo que Jesús, el Hijo. Esta conciencia nos hará amar al prójimo como amamos y respetamos a Jesús. ¿Os imagináis cómo cambiará nuestra relación familiar, vecinal, comunitaria si tenemos entre nosotros los mismos sentimientos de Jesucristo?
6. Obedecer viene del latín obaudire: oído atento para escuchar y oír la voz de voz de Dios y hacerle caso. Este escuchar y oír hace que acoplemos nuestra vida con su voluntad. Coherencia entre pensamiento y vida.
7. Ezequiel pone en esto la responsabilidad personal en un mundo en que la solidaridad humana casi anulaba al individuo. Acentúa fuertemente que cada cual es responsable ante Dios de lo que dice y hace. Y según esto nos juzga. Y si falla esta coherencia, siempre podemos esperar de Dios el perdón y la rehabilitación. 
8. Esta responsabilidad personal comporta también la conciencia de que de nuestro comportamiento depende la felicidad o infelicidad de la familia, de los hijos, de la sociedad.
9. La provocación final nos viene del evangelio. Los santos, los sabios y los poderosos que lo saben todo, lo tienen todo y todo lo pueden son muy conservadores. Tienen demasiado que perder. Y por eso son alérgicos al cambio o a la conversión. Nadie es más que ellos. De Juan Bautista no hacen ni caso. Tanto ayuno y tanto desierto, lo han transtornado. Ha perdido el juicio. Llega el Mesías en la persona de Jesús de Nazaret. ¡Bah! Come y bebe como cualquiera. ¡Y tiene unas compañías! Ellos no cambian ni de pensamiento ni de sentimiento. Y encima se cruzan los preferidos de Dios. Los grandes amigos de Dios. Suerte tiene de ellos.
10. Y qué provocación! En la larga cola de quienes esperan entrar en el reino de Dios, el primer lugar lo ocupan los últimos de la escalera social y religiosa. Los publicanos, los pecadores y las prostitutas los pasan delante. Ellos se sintieron estimados y acogidos por Juan y por Jesús. Los escucharon y afanaron en cambiar de vida a pesar de las dificultades de su medio social y religioso. Entre tanto los sabihondos, los gurús y las grandes figuras difícilmente reconocerán la bondad de Dios, difícilmente entrarán en la perspectiva de Dios. Tan difícil como que un camello entre por el agujero de una aguja...
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

"...IR A LO ESENCIAL"

Texto: Papa Francisco, de la homilía en Medellín (Colombia) en 2017
Foto: archivo Cultura y Fe hoy

sábado, 23 de septiembre de 2017

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. Hoy se nos invita a cambiar de chip. La primera lectura nos llama a la conversión que pasa para buscar al SEÑOR: conocer su voluntad, hacer el bien y confiar en el perdón puesto que los pensamientos del Señor están muy por encima de los nuestros. Para hacernos capaces de conectar con el corazón de nuestro Padre Dios.
2. Su palabra puede resultar difícil de entender pero no decepciona. Pero hemos de cambiar de chip porque la manera de hacer y de pensar el Padre celestial y su Hijo Jesús nos desconcierta. Es verdad, están mucho por encima de nosotros y sin embargo están más dentro de nuestro que nosotros mismos. Lo decía san Agustín.
3. Parece que Dios lo haga expresamente. Si leemos la Biblia veremos que todo el mundo le hace reproches: los trabajadores de primera hora le reprochan la injusticia. No hay derecho en el trato que da. ¿Qué le reprocharían los sindicalistas de hoy? Mejor será que no lo dejemos correr.
4. El hijo mayor protesta contra su padre y le reprocha que haya acogido tan generosamente al insensato del hermano menor mientras no ha sido bueno para regalarle a él –el hijo bueno y fiel- ni un cabrito para merendárselo con sus amigos.
5. Jonás reprocha a Dios que lo haya enviado a Nínive a anunciar un castigo severo y lo haya hecho quedar mal perdonando a aquella ciudad malvada y opresora. Y los fariseos reprochaban a Jesús que tratara con publicanos y pecadores y gente de mala vida.

6. A todos estos reproches, Jesús mantiene decididamente la oposición entre el comportamiento misericordioso del amo de la viña frente a las expectativas justicieras de los trabajadores de primera hora. Defiende al amo. El amo es justo a los ojos humanos. Mantiene su palabra. Ha quedado en un denario –el jornal completo- : con los primeros. Y ha prometido una medida divina -“lo que sea justo”- a los otros trabajadores.
7. Jesús muestra que la misericordia de Dios va más allá la justicia humana. Y las preferencias de Dios son los pobres, los humildes, los últimos, los sin voz ni voto. Mira más que la estricta justicia, mirando las necesidades de la persona.
8. El jornal de un denario da para una vida digna aunque sea muy justita, pero los que no lo cobren no podrán poner un plato caliente en la mesa y los últimos no tendrán ni para unas migajas. Y todo el mundo necesita un denario entero para una vida digna.
9. Isaías nos invita a cambiar de chip. Acostumbrémonos a mirarnos a nosotros mismos y los demás con el ojos de Dios y a amarnos y amarlos con el corazón de Dios.
10. Aprendamos a ser justos y generosos con la generosidad de Dios. No consideremos una injusticia y un mal para nosotros la generosidad de Dios y de los otros. Las madres lo tienen muy claro. En casa come igual el que tiene la suerte de trabajar y ganarse su sueldo y el hijo en paro o enfermo. Son hijos. Todos hijos.
Texto: J. Sidera cmf
Foto: A. Daufí cmf

viernes, 15 de septiembre de 2017

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

1. En discurso a la comunidad Jesús asegura su presencia entre nosotros. Él está presente donde hay dos o tres reunidos en su nombre. Pero no por eso garantiza que las relaciones entre los dos o tres o mil reunidos en su nombre funcionen como una máquina bien engrasada. De vez en cuando rechinan y hay que suavizarlas con el aceite del perdón. 
2. El Papa Francisco ofrece tres píldoras eficaces para que la comunidad o el grupo familiar o vecinal funcione: Por favor, gracias, perdone. Delicadeza cuando pidas algo, agradece lo que recibes del otro, pide perdón por si has molestado aunque sea sin querer.
3. ¿Perdonar? ¿Cuántas veces? Perdonar entre los antiguos era más bien señal de cobardía. Se imponía la revancha. Ojo por ojo y diente por diente. Pero para el cristiano la contrapartida de la venganza es el perdón sin límites. Amor y perdón ilimitados.
¿Cuántas veces? Sois hijos del Padre celestial. Comportaos cómo Él. Él nos perdona siempre.
4. El talento no era ninguna broma. Era un peso entre 25 y 30 kg de oro o de plata. 10.000 talentos equivalían a 340.000 kg de plata. O al jornal de 16.000 hombres durante 10 años. Casi nada. 
5. ¿Cómo era posible que un funcionario acumulara una deuda tan descomunal? Hoy lo podemos comprenderlo bien. El rescate de la banca ha costado por lo menos 50.000.000 de euros, de los cuales el magnánimo gobierno perdona 40.000.000 a los que por su mala administración, incompetencia o mala fe lo han hecho necesario. Y al mismo tiempo exige sin piedad unos pocos millones presuntamente malgastados por otros. 
6. Conozco a una persona que, cuando reza el padrenuestro –si lo reza- se para antes del “Perdónanos nuestras culpas...” o bien se lo salta. Se siente incapaz de perdonar. En el fondo confunde el sentimiento que le ha causado la ofensa con el resentimiento. No puede dejar de sentir y sublevarse ante el mal que le han hecho. Pero puede evitar el resentimiento: rascarse la herida para mantenerla viva y así mantener vivo su rencor, el motivo para no perdonar.
7. Perdono, pero no olvido. Es posible. Conviene recordar el quién, el cómo y el cuándo de la ofensa para evitarla. Pero nunca mantener rencor que te pudre la sangre y te da un mal vivir.

8. Conozco a otro que cuando reza el padrenuestro en la misa pone el oído atento. Y cómo que cree que el vecino es sincero y de buen corazón, se siente muy del todo contento y perdonado de él y del mismo Padre del cielo. Perdonadnos cómo nosotros perdonamos. Y más cuando recibe el gesto de la paz. Sale de misa con el corazón ancho y esponjado. 
9. En vida y en muerte somos del Señor, nos dice santo Pablo. Cuando no perdono al ofensor, asumo el papel de juez. Pero el único juez el Señor. A él corresponde el juicio definitivo. Esto le ha costado amar y perdonar hasta el extremo: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen. ¿Quién arrodillado ante el Señor osará negarse a hacer las paces y perdonar?
Cuando yo sea capaz de amar y dar la vida por el prójimo, habré superado todas las diferencias, todos los prejuicios, resentimientos y cerrazón que me impiden perdonar. 
10. Salgamos para casa en paz porque el Padre nos ha perdonado desde el momento que hemos aprendido de Él a perdonar. Será bueno que recemos con sinceridad y generosidad el Padre nuestro en familia. Quizás habremos encontrado la manera de superar divisiones o enemistades que no nos dejan vivir como quisiéramos.

Texto: J. Sidera cmf
Foto: Jano